Reseñas, cursos y otros.
 
Cursos, eventos, publicaciones y libros, asociaciones profesionales y herramientas para
el traductor y el intérprete.
 
Cada mes un invitado relacionado con el mundo de las palabras y de la comunicación.

Este mes:
Miguel Wald
Miguel Wald
 
Cada mes presentaremos a
uno de los traductores que colaboran con Aleph Translations.

Este mes:
Paul Roigé

Paul Roigé
 
Una pausa para disfrutar con los Grandes Palabristas.

Este mes :
"Álex Grijelmo"

Aurora Humarán
 
     
 

PAUL ROIGÉ

Aleph Translations: ¿Por qué traductor y no ciclista?


Paul Roigé :
Craso error. De hecho, le tenía pánico a las contrarrelojes y a las llegadas apretujadas del pelotón, al ser yo de esos que disfrutan más del viaje que de la llegada. Si hubiera sabido entonces lo que me esperaba como traductor, es decir, esas llegadas en solitario para cumplir plazos de entrega más propios de una hipotética especialidad atlética de 9 metros vallas con salto mortal marcha atrás, vamos, ya me hubiera yo reído de ese pánico a las contrarrelojes, que además te las pagan religiosamente y al contado, todo lo contrario que en esta bendita profesión. Mira a Eddie Merckx qué bien se lo montó, el muy monstruo. Too late.


Aurora Humarán y Paul Roigé

 

AT: ¿Un sueño profesional no cumplido?

PR: Cobrar 30 céntimos de euro por sílaba (sobrecargo del 20% por diptongo) y un beso de agradecimiento de la clienta por adelantado (clientes masculinos, limítense a decir “gracias”); retraducir la Biblia Online de una vez por todas y para siempre desde lo alto de un faro gallego y ataviado como monje irlandés; y lanzarle una OPA a ProZ.com, trasladar la sede a Galicia y montar una alianza empresarial con el dueño de Zara, que además es vecino mío.

AT: ¿Una anécdota de la profesión?

PR: Declaraciones grabadas en la ventanilla del banco realizadas por doncella entrada en años, puesto fijo de ocho horas al día en sucursal bancaria, lunes a viernes: “¡Ay, traductor, y autónomo, ay! Dios, qué horror, pobrecito, que si ahora no te pagan, que si luego un chequecito, y siempre en vilo, sin saber si vas a comer mañana, y con lo poquito que os dan de jubilación, y lo mucho que pagáis de cuota mensual. Y sin vacaciones pagadas. Ay, no, oyes, no te tengo ninguna envidia, de verdad”. “Gracias, señora. Tenga usted un buen día.”

 


EL FAMOSO BIOS

Confieso que traduje



Paul Roigé y José Luis Villanueva-Senchuk
  Roigé, Paul Roigé, vaya nombrecito, con lo bien que me hubiera quedado Pablo Colorado Cañón; traductor pero no intérprete, castigado a computo-galeras virtuales por sufrir desbarajustes guturales, y que además se está muy bien en casita. Me acuerdo que una vez, de pequeñito, dije que quería ser traductor. Casi me pegan, pero qué es eso, así no se gana uno la vida, que eso de traducir es para hippies holgazanes, hazte fontanero, esos sí que cobran lo que quieren. Luego me olvidé de ello durante treinta años, en los que fui tendero a lo Manolito, paracaidista, botones, profe de español para bárbaros del norte, oficinista, mano de obra, envolvedor de revistas del corazón y de la carne, bibliotecario y finalmente estudiante, para volverme luego a acordar cuando me di cuenta que nunca dejaría de ser hippie, por calvo que uno sea. Al fin y al cabo, era un
 
 
maestro en crucigramas, así que porqué no dar un brinco y ver adonde me llevaba. Claro que antes adquirí un pasaje a la India y luego intenté emular a Conrad y darme un paseo por las ex colonias británicas de Malacca and beyond, secretamente en busca de esa Frida, la de las 7 islas. Al final tuve que refugiarme en el ex penal de Sydney, léase Bondi Beach, luego de sufrir un atracón de tortilla francesa con magic mushrooms en una playa de Sumbawa. Soy inocente, no oí la palabra magic. De ahí me marché un segundo antes de que me echaran, para acabar en Nueva Zelanda, lugar en el que sufrí varios años de castigos universitarios que, a la postre, y como no hay mal que por bien no venga, o viceversa, me llevaron a convertirme en… traductor (ssshhhh, léase en voz bajita). Seis años después, y finalmente casado con mi Frida antípoda y con un anillo y dos hijas para demostrarlo, he
 
 

conseguido el honor de pagar lo impagable por el lujo de ser uno de esos todos que son Hacienda, y dicen que modero un foro que se modera sólo, y tengo la espalda hecha polvo de tanto no ir en bici como debiera, y el dedo índice derecho deambulando sonámbulo por su cuenta y riesgo drogado de ratón, y la muñeca que se tornó más tonta que la Barbie original, y un ojo anarquista (sobre todo en día de traducción de contratos), y más procrasti-cash en las cuentas de los demás que contante y sonante en la mía, una docena de libros echándome de menos en la estantería esperando a que los libere de la frustrante espera (el Tutti Conrad en V.O. sin subtítulos otra vez, el Tutti Mafalda, las Ficciones de Borges, las Memorias de Hadrian en gallego y francés, dos livres de poche de Maalouf, el Pedro Páramo de Rulfo, el Siglo de las Luces de Carpentier, los Contos e Lendas dos Paises Celtas y el Master & Commander de O’Brian, ¡cómo no!), y me acaba de llegar una tradu sobre productos de belleza para extensiones de cabello y el cuarto permiso de conducir argentino de la semana, che… y echo de menos los crucigramas. Y sigo esperando a esa clienta que me de un beso de agradecimiento por adelantado. Pero vamos tirando, que el camino se hace pedaleando.

En fin, que Vive le Tour.