Paul Roigé : Craso error. De hecho, le tenía
pánico a las contrarrelojes y a las llegadas apretujadas
del pelotón, al ser yo de esos que disfrutan más del
viaje que de la llegada. Si hubiera sabido entonces lo que me esperaba
como traductor, es decir, esas llegadas en solitario para cumplir
plazos de entrega más propios de una hipotética especialidad
atlética de 9 metros vallas con salto mortal marcha atrás,
vamos, ya me hubiera yo reído de ese pánico a las
contrarrelojes, que además te las pagan religiosamente y
al contado, todo lo contrario que en esta bendita profesión.
Mira a Eddie Merckx qué bien se lo montó, el muy monstruo.
Too late.

Aurora Humarán y Paul Roigé
AT:
¿Un sueño profesional no cumplido?
PR: Cobrar 30 céntimos
de euro por sílaba (sobrecargo del 20% por diptongo) y un
beso de agradecimiento de la clienta por adelantado (clientes masculinos,
limítense a decir “gracias”); retraducir la Biblia
Online de una vez por todas y para siempre desde lo alto de un faro
gallego y ataviado como monje irlandés; y lanzarle una OPA
a ProZ.com, trasladar la sede a Galicia y montar una alianza empresarial
con el dueño de Zara, que además es vecino mío.
AT:
¿Una anécdota de la profesión?
PR: Declaraciones
grabadas en la ventanilla del banco realizadas por doncella entrada
en años, puesto fijo de ocho horas al día en sucursal
bancaria, lunes a viernes: “¡Ay, traductor, y autónomo,
ay! Dios, qué horror, pobrecito, que si ahora no te pagan,
que si luego un chequecito, y siempre en vilo, sin saber si vas
a comer mañana, y con lo poquito que os dan de jubilación,
y lo mucho que pagáis de cuota mensual. Y sin vacaciones
pagadas. Ay, no, oyes, no te tengo ninguna envidia, de verdad”.
“Gracias, señora. Tenga usted un buen día.”
EL FAMOSO BIOS
Confieso que traduje
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